Tuesday, 27 May 2008

Regalito en tu blog!

Bau, acá te regalo una película. Tenés que empezar por el post de mas abajo, y después ver la segunda parte, la tercera y el final en la cuarta.

A nosotros nos encanta (es una de las favoritas de Icaio!) y si querés podes ver una parte un dia, otra otro, y asi (porque que onda tener que verla sentado frente a la compu un rato laaaargo de un tirón? Es cómoda tu silla? La mía nooooooooooooooo!.

Te quiero tanto, tanto, tanto!

(Fijate donde puse "blogs copados", seguro te gustan y por si estás protestando porque no te puse nada de Ben 10, acá va!)

The iron Giant (4ta parte-final)

The iron Giant (3ra parte)

The iron Giant (2da parte)

The iron Giant

Friday, 17 August 2007

La primera aventura

Don Oto arrimó su silla a la cama de Bauti, lo tapó bien, y se sentó. Bauti entonces le dijo "Pero no trajiste el libro de Beeman!" y es que no había un libro de beeman, ni siquiera uno de historietas, sino recuerdos. Que transmitían los papás a los hijos, y los hijos a sus hijos de boca en boca, explicó Don Oto, la forma mas antigua de contar cuentos.



La cosa es que a Beeman también le había tocado actuar de abeja en el jardín, porque Beeman fue el primer nenito tan lindo como inteligente y porque Beeman también tuvo la suerte de tener una mamá copada para hacer disfraces. Sólo que como esta historia es muy vieja, la mamá tuvo que hacer el traje empezando por el principio y no por una feria americana, ni las reliquias de ningún baúl.



La otra diferencia es que Beeman había elegido él solo de qué quería disfrazarse. Hacía mucho que había encontrado un panal de abejas en el patio de su abuelita y con ellas pasaba los mejores momentos de la hora de la siesta. Ni bien todos se iban a dormir, Beeman corría al panel y las llamaba "bzzzzzzzzzzzz!!!" y ellas salían a jugar con él. Eran sus ídolas, y él el ídolo de ellas.



Por eso cuando la maestra preguntó de qué querían disfrazarse él fue el primero en gritar "BZZZZ" en clase. Y levantar la mano. De a poquito todos fueron eligiendo su disfraz, bueno, todos no, faltaban Iaio, la parlanchina y Gati, la gordita. La maestra dijo entonces que los dos que quedaban eran el elefante, para Gati y la mariposa para Iaio.



"Nooooo! yo no quiero ser el elefante, porfi!" dijo Gati "Me asustan, prefiero ser la mariposa". A Iaio le dió pena que Gati no hubiera podido elegir y como nunca desperdiciaba oportunidad para hablar y para que todos la esucharan, anunció bien fuerte "Entonces podemos cambiar, yo voy a ser el elefante, Gati, no te hagas problema". Ese día volvió contenta a casa, ella solita había resuelto el problema del día!



Cuando llegó el día del acto, todos los chicos practicaban su parte contentos detras del telón. Las mamás habían diseñado los disfraces más creativos y coloridos. Gati, la mariposa gordita, era una de las más lindas, con alas azules enormes y antenitas de brillantina multicolor. Iaio, sin embargo estaba triste, sentada en un rincón. Tenía puestas un par de medias can-can blancas y una polera blanca tambien. Al lado: una cabezota enorme y redonda hecha de tela de arpillera y pintada de color gris, con una trompa larguísima. Su mamá había sido tal vez la que más había trabajado, al fin y al cabo los elefantes son enormes. Los disfraces de elefantes, claro, también!



"Y Beeman?" preguntó Bauti impaciente. "Te fuiste a otro cuento, Papi?" Con la paciencia que a Bauti se le estaba yendo, Don Oto anunció: Ahí viene, shhhhhhh



Ahí estaba Iaio donde la dejamos, sentadita, cuando Beeman se le acercó a preguntar qué le pasaba. Ella le confesó que se había apurado a intercambiar disfraces con Gati. Que lo que había querido hacer era ayudarla a ella pero no se había detenido a pensar que a ella misma tampoco le gustaban los elefantes! Pobre Iaio! Beeman, para levantarle el ánimo le dijo que estaba divina, que el disfraz era muy simpático!



"Simpático.... pero deforme!" Contestó Iaio, que no estaba de humor para recibir piropos. Entonces fué cuando se le ocurrió. Beeman se levantó, le dió la mano a Iaio y bien fuerte dijo "bzzzzzzzzzz..... bzzzzzzzzzzz...... bzzzzzzzzzzz" Y de a poquito empezaron a llegar abejas, las del patio de la abuela, cargando muchas pero muchas flores, de todos los colores. Rápido se las pusieron en la trompa, en las orejas y hasta en el ombligo del disfraz de elefante. Tantas tantas flores que hay quien dice que el patio se quedó gris, como un elefante. Y el elefante Iaio se transformó en el mas colorido que jamás hayamos visto. Y todo gracias a Beeman, el superheroe que va al jardín.



"Pero imaginate si en vez de contármelo me mostraras ahora al elefante" le dijo el nenito tan lindo como inteligente a su papá. Esa noche Bauti y Don Oto se pusieron de acuerdo en escribir el primer libro de Beeman, juntos. Y esta vez tardó mucho mas que de costumbre en quedarse dormido.

Wednesday, 1 August 2007

El favorito de Don Oto




Había una vez un nenito muy lindo y muy inteligente que sabía que generalmente los muy inteligentes eran feos y los muy lindos eran tontos. Lo sabía porque en casi todos los cuentos que leía, y eso que leía muchos, pasaba así. Como en Riquete el del Copete, sin ir mas lejos.



Le encantaba leer historias de superheroes, jugar a los superheroes, dibujar superheroes y ver peliculas de superheroes. Su abuelita Alicia, la del país de las maravillas, se encargaba de que no le faltaran disfraces para jugar, ni cuentos para leer, ni películas para ver. Pero el que compartía horas dibujando superheroes con el nenito lindo e inteligente era su Papá, Don Oto.



Un día en el jardín le dijeron que para el acto de ese año le tocaría disfrazarse de abeja. A él, que era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de lo "no heroe" que pintaba ese disfraz aunque lo llevara alguien tan lindo como él. Resolvió que no, que de ninguna manera iría él a ninguna parte con pantaloncitos negros, remerita rayada amarilla ( y lo que es peor rellena en la panza), alitas chiquitas al tono. No señor! Así de convencido estaba.



Llegó el día del acto y se levantó tempranito como siempre, se tomó un té con copitos, se puso su remera de Spiderman, un par de jeans y ojotas, porque nada mejor que tener los pies al aire libre -como dice su Mamá- y salió a dibujar superheroes con Papá. Esta vez Don Oto estaba más callado que de costumbre. Dibujaba concentrado, pintaba rayas cuidadosamente sin pasarse de la línea. El nenito tan lindo como inteligente sabía que su Papá se concentraba así cuando dibujaba superheroes muy misteriosos, de esos que todavía no son tan famosos como Superman, que no tienen historias tan conocidas como la de Batman. Lo que no entendía era por qué sólo usaba amarillo para pintar.



"En serio nunca te hablé de Beeman?" preguntó por fin Don Oto, al ver el asombro con que el nenito seguía sus trazos. "Creía que sí, que ya habíamos hablado de mi superheroe favorito". "Cómo que Papá tiene un superheroe favorito que su propio hijo no conoce?" se preguntó indignadísimo, mientras buscaba otro lápiz amarillo porque notaba que el otro se estaba acabando de tanto usarlo. "Beeman es el mejor, porque empezó a ser heroe cuando todavía iba al jardín, no esperó a ser grande como los demás. Un heroe chiquito como las abejas con poderes increíbles para hacer cosas tan buenas como la miel. Y con un ejército de abejas amigas que lo acompañan siempre."




"Ay! Si fuera chiquito podría ponerme el disfraz de Beeman otra vez!" dijo después, sacando de un viejo baúl el disfraz que el nenito había visto coser a su Mamá hace sólo unos días. Lleno de orgullo se lo probó. Le quedaba perfecto, casi mejor que al dibujo que sin darse cuenta acababan de terminar juntos. Y justo a tiempo para ir al acto.



Esa noche durante la cena todos comentaron lo divertida que había estado la obra del jardín. La abuela Alicia dijo que sin dudas la parte de las abejas había sido la mejor. Mamá, que de eso entiende porque es vestuarista, dijo que su disfraz tenía un no se qué que lo hacia especial, y eso que se lo habia dado Papá en un estado calamitoso! Don Oto y Beeman (porque el nenito mas lindo e inteligente que nunca todavía tenía puesto su disfraz) se miraron y sin decirse nada entendieron que era mejor guardar el secreto.



Y esa noche antes de irse a dormir, Don Oto le contó a Bauti -que asi se llamaba el nenito- la primera aventura de Beeman.